9/25/2008

Vacaciones forzadas


Corría el verano de 1995. Alex, con 18 años, pasaba de viajar hasta Barcelona para vernos, pero Marco, con 10, no tenía elección. Su madre quería unos días de descanso y su padre disfrutaba con el niño en casa, así que organizamos unas supervacaciones en Cambrils, con un PortAventura recién inaugurado y muy buenas expectativas para los peques. Vera tenía 3 años y estaba divertidísima, le gustaba llevar bañador entero, hacerse trenzas y comprar muñecas, tipo Barbie, de esas de bazar que pierden las piernas en cinco minutos. Se juntó con varias que bajaba todos los días a la playa, las bañaba y ponía voz, sumida en profundas conversaciones. Marco había llegado muy serio, con miedo al avión y mucha morriña, que no pudimos quitarle en todas las vacaciones. Echaba de menos a su madre y la hermanita le producía celos, así que lloraba todos los días y nosotros sufríamos por él. Ni el apartahotel con piscina, ni la playa, ni PortAventura, ni todos los caprichos que le dimos le hicieron sonreír, aunque Vera le provocaba, intentaba jugar y le admiraba. Fue tan duro que a partir de entonces nos negamos a que volviera si no era por su propia voluntad, con el riesgo de que no volviera. Menos mal que aquella etapa se le fue pasando y hoy es un estupendo hijo para su padre y hermano para Vera, que estudia en Toledo y siempre que puede viene a vernos con una gran sonrisa, buen carácter y mucho cariño incluso para mí, que debí ser el tormento de su infancia.

2 comentarios:

laura dijo...

lo siento marion, pero no sé por qué siempre siento que somos demasiado indulgentes con los adultos, sus decisiones y las consecuencias en la vida de los chicos. No tengo la respuesta, claro. solo enormes preguntas, la tristeza y la sensacion de que a veces somos como elefantes en un bazar.

Dulce Marion dijo...

Muchas gracias por tu comentario Laura. Creo que las consecuencias de algunas decisiones adultas son muy duras para todos, quizá porque no son tan adultas. Yo tampoco tengo la respuesta, pero después de 20 años ya no me hago preguntas. El tiempo pone casi todo en su sitio y el resto patas arriba. Un saludo.